Las posiciones deterministas conciben a la naturaleza como una fuerza todopoderosa a la cual el ser humano debe obedecer y cuyo funcionamiento es prácticamente inmodificable. Así, los grupos humanos se ven presionados a construir sus modos de vida y actividades económicas en respuesta a las condiciones que impone el medio natural; la voluntad humana se ve limitada.


A finales del siglo XVIII, los científicos empiezan a considerar la Geografía como una disciplina orientada a definir la incidencia de los factores ambientales sobre la vida humana. En este contexto surgió el Determinismo Geográfico, cuyo principal exponente fue el geógrafo alemán Carl Ritter (1779-1857), a través de su obra La Geografía en relación con la naturaleza y la historia del hombre (1857,1859).


Desde el siglo XVI, los europeos empezaron a considerar a la naturaleza como fuente inagotable de recursos, pero también como objeto de investigaciones científicas (Francis Bacon) propensas a su explotación e incorporación al régimen económico de las sociedades. Con las Revoluciones Científicas se impone también un concepto mercantilista del mundo natural.


Con los avances en la ciencia, en el mundo de los transportes y la técnica, tanto los científicos como los ciudadanos modificarán la mirada determinista sobre el mundo natural, para dar paso a tendencias cercanas al Posibilismo (Paul Vidal de la Blache, 1845-1918). Tal corriente expresa que la naturaleza es fuente de múltiples posibilidades para la acción humana; los humanos no sólo se adaptan, sino que también encuentran la posibilidad de transformar el medio natural.