Centrado en la instrumentalización económica de los servicios ambientales, a favor de los intereses humanos. Confía la valoración de los bienes y servicios del ecosistema a las leyes del mercado, según los aportes de la ciencia económica, pero con marcado énfasis en la demanda (utilidad o placer humano).


La tala de árboles puede conducir potencialmente a impactos negativos sobre los ecosistemas y el medio ambiente en su conjunto.

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Concibe a la naturaleza no humana como un sujeto de derechos morales y naturales, por lo que tiene un valor en sí misma. Los elementos y seres del mundo natural adquieren valor en cuanto favorecen la integridad, estabilidad y belleza de las comunidades biológicas. Su fundamento no es la economía, sino la ética de la tierra o la bioética.


La pérdida de la biodiversidad debe considerarse como un indicador de importancia para el sustento y prosperidad humana.

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Somete la valoración de los servicios ambientales a la cosmovisión (ética, cultural, religiosa, filosófica) de los grupos humanos. Se considera que existen sitios sagrados (p. ej. lugares de pagamento indígena) y objetos naturales reforzadores de la identidad de los pueblos. Tienen primacía los valores culturales, antes que los económicos.


Diferentes culturas indígenas consideran a la tierra como algo sagrado.

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Entiende los servicios ambientales como producto de la naturaleza, independiente del bienestar y las necesidades humanas. Se presta atención a los procesos que mantienen la diversidad genética y la diversidad de las especies, así como a la ‘salud del ecosistema’.


Es necesario evitar desequilibrios ecológicos que puedan terminar con ecosistemas, hábitat de diversidad de especies.

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