Tal perspectiva es la de mayor aceptación y aplicación por parte de los organismos financieros multilaterales y los gobiernos, en la medida que la meta de las naciones y de la banca internacional es el crecimiento de la riqueza, sin otorgar mayor atención a las voces de alerta generadas por los ambientalistas, académicos y organizaciones de conservación-preservación del medio ambiente.
Bajo este tipo de ‘sostenibilidad débil’ (Pérez, 2012), el medio ambiente se encuentra subordinado al utilitarismo y a los intereses económicos. Luego, es una visión que a largo plazo es insostenible debido a que la naturaleza tiene límites (fronteras ecológicas), que suelen ser subvertidos por las crecientes necesidades (básicas o suntuarias) y niveles de consumo-desecho, generados por las sociedades modernas.
Según el planteamiento radical de este enfoque, el agotamiento del capital natural (bienes y servicios ambientales) podría ser remediado con incrementos en el capital manufacturado (Solow, 1974; Stiglitz, 1974 y Hartwick, 1977, citados por Pérez, 2012). En este sentido, lo que se busca es garantizar la producción material y el consumo, como soportes del funcionamiento del sistema capitalista.