Lograr gestionar una actividad, requiere de cuatro elementos principales: planeación, ejecución, seguimiento y toma de decisiones; la definición de la estrategia del servicio no es la excepción. Para lograr definirla, se debe tener claridad en dos elementos fundamentales, el primero, corresponde al tipo de relación o relaciones que se quieren tener con el cliente; el segundo, da cuenta de cuáles son los procesos a desarrollar para lograr que esas relaciones, sean duraderas y benéficas para las dos partes (cliente - empresa).
Se entiende entonces que la estrategia permea todas las etapas del ciclo de vida del servicio y es fundamental para que la organización tenga una directriz clara de las medidas a tomar durante la ejecución normal de las actividades y las medidas a seguir, en caso de presentarse alguna desviación en las mismas.
En el primer caso, se plantea una organización que no tiene una relación clara con el cliente, ni tiene unos procesos definidos para su atención, no se tendrá claridad de quién es el cliente o en las acciones a desarrollar para satisfacer sus necesidades.
El segundo caso, presenta una organización que tiene procesos de atención definidos y actúa acorde a ellos, estos, fueron establecidos sin identificar al cliente, es decir, sin tener claridad de las necesidades reales del mismo.
En el tercer caso, se asume una organización que tiene una relación clara con el cliente, es decir, lo conoce y entiende sus necesidades, pero no tiene unos procesos fundamentados que estén en la capacidad de dar soporte al requerimiento del cliente, por lo cual, continuamente está incumpliendo sus compromisos.
En el cuarto caso, se presenta la organización que conoce al cliente y continuamente está indagando en sus necesidades y su conformidad con el servicio, tiene unos procesos documentados que son seguidos por el personal y adicional a esto, se evalúa constantemente buscando superarse a sí misma.
La información que recibe el cliente en cada uno de los casos descritos, tiene un alto nivel de importancia, por lo cual, es claro que se está enviando un mensaje que tendrá incidencia directa en los resultados de la organización. Dado lo anterior, se deduce que la alta gerencia al definir la estrategia, debe establecer cuál es el tipo de relación que se desea tener con el cliente y con base en esto, diseñar, documentar e implementar, los procesos a seguir en cada uno de los niveles de la organización, definiendo su método de medición y la trazabilidad para así establecer, la eficacia de la misma.
Un requerimiento adicional a tener en cuenta en la generación y puesta en marcha de la estrategia, es la identificación del factor diferenciador o diferencial, este, hace referencia a qué está haciendo la organización para que el cliente lo prefiera frente a la competencia o, cuál va a ser ese elemento que logre que el cliente tome una decisión favorable e inicie una relación estable y duradera con la empresa.
Es en este punto, donde toma relevancia el término momento de verdad definido por John Carlzon (1991) director de la aerolínea S.A.S., como “el instante en que el cliente se pone en contacto con cualquier representante de la empresa y juzga la calidad de sus servicios basado en su interacción”. Es decir, el juicio subjetivo que nace de la interacción con el cliente y que puede dar lugar a que este genere una imagen de la organización, que se aleje o se acerque a sus expectativas, por lo cual, la decisión presente o futura para generar una relación con la empresa, se haga lejana o próxima.
De manera resumida, se dirá que el cliente actual espera ser escuchado, ilustrado, reconocido, respetado, enterado y apreciado, de manera que estos aspectos deben ser tenidos en cuenta dentro de la estrategia para que esta sea exitosa. La anterior reflexión lleva a que se establezcan los componentes de la estrategia del servicio.
Como cualquiera de las estrategias desarrolladas en la organización, la estrategia de servicio, requiere de unos pasos específicos para su aplicación, a continuación, se explican los pasos que generalmente aplican las organizaciones en el desarrollo de su estrategia. Los siete pasos para el desarrollo de la estrategia del servicio, se soportan en las dos dimensiones definidas anteriormente, procesos y relaciones; el éxito de la estrategia entonces, está basado en la capacidad de generar relaciones fuertes con el cliente a partir, de procesos estructurados, orientados a satisfacer sus necesidades como lo muestra la figura 3.
Después de entender los pasos a seguir para el desarrollo de la estrategia, se presentan algunos tipos de estrategias que se pueden tener en cuenta para el servicio al cliente, ellas aplican de acuerdo al tipo de servicio y cliente: servicios compartidos, estandarización, Cloud Computing, Out Sourcing, PMO, I+D+I, Talento Humano Elite.
El término Stakeholder, es un adjetivo acuñado en la década de los 80 por Robert Freeman, filósofo nacido en Estados Unidos, en la mayoría de los textos y la normatividad se mantiene sin traducción, una adaptación del vocablo al español es partes interesadas y hace referencia a cualquier persona o entidad que es impactada en algún nivel por los procesos desarrollados en una organización.
Cuando se habla de empresa, se debe tener en cuenta la sensibilidad de los diferentes actores al impacto generado por sus actividades. Veamos algunos ejemplos de partes interesadas: inicialmente quienes son sus dueños, se verán beneficiados o afectados por la capacidad de la empresa de generar riqueza, luego de esto sus empleados estarán impactados por su capacidad de ofrecer salarios y un trato digno, así, como un empleo sostenible en el tiempo. Los proveedores, quienes aportan a través de la entrega de materiales u otros servicios, la competencia que se encarga de establecer nuevas promesas de servicio o precios que deben ser superados, los clientes quienes se verán beneficiados con la prestación del servicio.
Generalmente se clasifican los stakeholders, como internos y externos. Como se muestra en la figura 5, dentro de los internos, pueden tenerse en cuenta accionistas, directivos, trabajadores y dentro de los externos, están los clientes, los proveedores, las entidades financieras, los sindicatos, la comunidad local, las organizaciones y el gobierno.
Identificar y reconocer quiénes son los stakeholders de la organización no es suficiente, se hace necesario establecer qué tipo de relación se espera tener con cada uno de ellos. El libro titulado Manual para la práctica de las relaciones con los grupos de interés (2012) desarrollado por la oficina de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y otros, establece cinco etapas a tener en cuenta para la definición, el desarrollo y mantenimiento de las relaciones con las partes involucradas.
En la primera etapa se espera que la empresa, defina la relación que espera tener con las partes involucradas a partir de la aplicación del pensamiento estratégico; en la segunda, plantea el análisis y la planificación de la relación que se quiere sostener con el cliente; la tercera, busca mantener y fortalecer las capacidades relacionadas; en la cuarta etapa, se espera incrementar la efectividad en la relación y por último, la implementación y el seguimiento a la relación. (Krick , Forstater , Monaghan , & Silampaa, 2006).
Existen diferentes metodologías a tener en cuenta para desarrollar y mejorar la relación con los stakeholders, se recomienda establecer cuáles de ellas son las más adecuadas a la organización donde desarrolla sus actividades.
Como material de profundización se propone la revisión de un caso colombiano que se ha comprometido con unas lógicas disruptivas en el relacionamiento con sus trabajadores, impactando así positivamente la imagen que los familiares de sus colaboradores, tienen acerca de la empresa, e impulsando desde la pasión por lo que se hace, un alto compromiso y rendimiento por parte de sus colaboradores. Como consecuencia colateral, las cifras de ausentismo y rotación laboral se han disminuido drásticamente:
Al que encontremos trabajando lo echamos (Piedrahita, J. 2018).
Uno de los principales motivos es, que este tipo de relaciones, le permite a una organización, desarrollar sus operaciones en el marco de la sostenibilidad, añadiendo valor a las actividades que realiza. Este modo de proceder, se basa en la idea de que sin autocuidado no hay vida y sin vida no hay sociedad. Y de que no se puede cuidar aquello que no se ama, ni se puede amar aquello que no se conoce.
De ahí, la importancia de que en las organizaciones se generen vínculos, se promueva la importancia de la palabra juntos; de comprender la importancia de las organizaciones en la sociedad, como promotoras de estabilidad y crecimiento no solo de sus integrantes, socios, proveedores, sino también del estado –país, mismo. Sino, trate de imaginar todo el dolor que se genera cuando se cierra una institución. Imagine el dolor, el sentimiento de pérdida y fracaso de sus dueños, el daño a la confianza de sus inversores, el impacto del desempleo y la inestabilidad familiar que se genera en los colaboradores que han perdido su empleo.
Esos proyectos comunes, empresas, organizaciones, instituciones, estado, se convierten en proyectos comunes que se alimentan y crecen si y solo sí, partiendo de una visión compartida. El concepto de bien colectivo le permitirá a quien lo interioriza, el cuidado de las instituciones, entendiendo la importancia de cuidar a los extraños, bien lo dijo un sabio: “toda búsqueda de la excelencia es excluyente a no ser que sea para todos”.
Así, todos como parte de un entorno, los integrantes de una cadena de suministros, de cadenas de valor (productores, fabricantes, proveedores, empresas, clientes, clientes de los clientes) tienen un primer compromiso con el desarrollo, el de sí mismos, de los otros y de la organización de la cual, hacen parte.
Ya sea por razones políticas o éticas una organización se beneficia de estos cambios de paradigma acerca de la forma de relacionarse con su entorno, por ello, como material de profundización le invitamos a estudiar con detenimiento cuáles son los objetivos de desarrollo sostenible los cuales aportan a su organización y cómo la misma, hace parte del sistema de cuidado de nuestra sociedad.
Así, el desempeño de una entidad depende de la forma en que gestiona las relaciones con su grupo de interés, sean estos individuos, comunidades, grupos sociales, u otras organizaciones. Los Stakeholders como cualquier grupo o individuo que pueda afectar o sea afectado por el logro de los objetivos de la organización.
Cada organización puede trasformar el paradigma por medio del cual se relaciona con sus agentes relevantes, interesados y grupos de interés: gobierno, autoridades locales, medios de comunicación, servidores, inversores, universidades, comunidades locales, asociaciones empresariales, proveedores, consumidores, clientes, beneficiarios, otras empresas, ONG.
Así que no es de menor importancia, intensificar y estrechar los vínculos con estos aliados, determinando sus expectativas, definiendo las estrategias de gestión de las relaciones y estableciendo mecanismos de monitoreo; pero aún más allá, conversando, cuidando esos vínculos de amistad y confianza que se construyen en las largas relaciones comerciales.
Según lo anterior, se entiende que un grupo partícipe, que exhibe poder y legitimidad, será una parte interesada muy dominante para el correcto funcionamiento de la naciente empresa. Pero si se le añade una situación de urgencia, será un claro llamado al gerente para entender y dar prioridad al reclamo del grupo de interés. Se da cuando el grupo partícipe tiene los tres atributos: latente, discrecional y demandante, en una situación dominante, de urgencia y legitimidad.
La combinación de atributos puede generar grupos con ciertas características, por ejemplo, un grupo peligroso o un actor armado al margen de la ley que busque incidir en la organización o usar la organización para sus propios fines se consideraría un grupo peligroso, pues en ese caso la parte interesada carece de legitimidad, pero tiene poder y urgencia: Esta relación será coercitiva y posiblemente violenta, haciendo que la parte interesada sea “peligrosa”, literalmente, para la empresa. Identificarlos, permite mitigar los peligros y estar preparados. Se da cuando el grupo partícipe tiene los dos atributos: latente y demandante, en una situación de poder y urgencia.
PV (propuesta de valor) = Actividades+ Soluciones+ Potenciadores de Beneficios.
Para ello ha propuesto la siguiente tabla basada en Osterwalder et al. (2015):
También han desarrollado desde su experiencia, una importante matriz de materialidad que se convierte en una herramienta indispensable para la adecuada gestión de relaciones y cruce de información recopilada, la cual, inicia con la priorización de los grupos de interés que han identificado y clasificado previamente, inciden en la toma de decisiones, la obtención de ingresos, la operación de su negocio y en su estrategia empresarial, en niveles diferentes. Para poder evaluar el nivel de influencia de los grupos de interés en su organización usted debe tener en cuenta estos cinco criterios:
Todo esto, para fortalecer su gestión de relacionamiento empresa-sociedad.
Una adecuada gestión de la comunicación y la revisión de la intencionalidad de la comunicación como un factor clave para el relacionamiento, permitirá fortalecer el mercadeo social de una organización. Así, que tener un plan estratégico de comunicación y en lo posible un área de comunicación organizacional y de relaciones interinstitucionales, con expertos en comunicación para el desarrollo, comunicación estratégica y comunicación para el cambio social, generarán una gran incidencia en las capacidades de relacionamiento de una organización, dado que, se podrá dar de manera consiente y planeada el monitoreo, la evaluación y la adaptación de todo aquello que se transmite a los clientes internos y externos de la organización.
La comunicación para el relacionamiento, le permite a una organización entablar conscientemente procesos de diálogo, para conocer a sus grupos de interés y entablar interacciones objetivas y subjetivas (ya sea por medio de grupos focales, big data, redes sociales, reuniones formales, marketing digital, procesos de consulta previa) donde, cada grupo define quiénes son, qué quieren y cómo pueden obtenerlo y con base en esto, tomar decisiones empresariales orientadas a generar compromiso y contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad.
No obstante, la empresa deberá ser cuidadosa de su imagen corporativa, cuidando su proceder y no solo la manera como gestiona su imagen; así en Colombia se han visto casos emblemáticos que dejan a las empresas lecciones aprendidas, acerca del gran daño a la imagen corporativa, a partir de un proceder que lesiona a la comunidad o al medio ambiente.
Para profundizar, se sugiere el estudio de algunos casos emblemáticos de empresas que en Colombia, permiten un debate acerca de su responsabilidad social, empresarial y los daños colaterales a su imagen: Caso Chiquita Brands, Caso Pacific Rubiales ahora Frontera Energy, Caso EPM-Hidroituango. Caso Odebrech.
A continuación, se mencionan los objetivos de cada una de las fases:
Existen diferentes metodologías a tener en cuenta para desarrollar y mejorar la relación con los stakeholders, se recomienda establecer cuáles de ellas son las más adecuadas a la organización donde desarrolla sus actividades.
Repaso de los conceptos básicos ITIL
Existen muchos modelos y dimensiones para medir la satisfacción y las expectativas de los clientes, algunos de ellas enfocadas en la imagen corporativa, los productos tangibles y la interacción con los clientes.
Otras, tienen en cuenta los servicios asociados, es decir, aquellos que no hacen parte del servicio en sí, sino que se consideran adicionales, que mejoran la experiencia del cliente y otros, que se enfocan en comparar la calidad deseada vs la calidad recibida.
Se podrían destacar dentro de esos modelos dos grandes escuelas, la escuela nórdica, cuyos representantes y grandes exponentes son Grönroos (1988, 1994), Gummesson (1984) y Lehtinen (1982) y su enfoque se basa en la calidad funcional y la calidad técnica, como bases para transitar a la calidad total.
Por otro lado, está la escuela norteamericana basada en la percepción de atributos intangibles del cliente y desde la cual, nace el modelo SERVQUAL. Este modelo de calidad de servicio, fue elaborado por Zeithaml, Parasuraman y Berry (1985, 1988) cuyo propósito es, mejorar la calidad de servicio ofrecido por una organización y es uno de los modelos de medición de calidad en el servicio de mayor aplicación práctica en las organizaciones, ya que permite detectar las expectativas generales de los clientes a partir de cinco dimensiones, para así detectar, las áreas de oportunidad dentro del proceso del servicio:
Es la capacidad de entregar el servicio prometido de una manera consistente y precisa.
Es el nivel de conocimiento y versatilidad para despejar inquietudes, quejas o reclamos de los clientes.
Son los conocimientos y la atención, mostrados por los empleados y sus habilidades para concitar credibilidad y confianza.
Es la conexión emocional entre el cliente y el servidor; la capacidad de generar una buena experiencia durante el momento de verdad. La cortesía de quien le atendió, la capacidad de quien atiende, de transmitir confianza y seguridad, hasta el punto en que los empleados se preocupan por prestar una atención oportuna e individual.
Es la apariencia de las instalaciones físicas, equipos, personal y materiales de comunicación, por ejemplo, los edificios, el sitio web, los equipos y los empleados.
El modelo SERVQUAL, mide por medio de preguntas que se responden de cero a cinco, de acuerdo a la experiencia de lo que el cliente espera en contraposición de lo que percibe, indicando así, la línea a seguir para mejorar la calidad de un servicio; lo anterior por medio del análisis estadístico de dicho monitoreo constante de los elementos antes mencionados. El análisis de resultados de las encuestas de satisfacción y/o percepción, deben ser llevadas posteriormente a las juntas directivas y a las mesas de servicio, para reconocer y estudiar la presencia de alguna de las deficiencias principales que propone el modelo, dado a que puede indicar síntomas de una organización poco saludable, que se refleja en el producto servicio final.
Deficiencia 1. Discrepancia entre las expectativas de los clientes y las percepciones de los directivos: si los directivos de la organización no comprenden las necesidades y expectativas de los clientes o no conocen lo que éstos valoran de un servicio, difícilmente podrán impulsar y desarrollar acciones que incidan eficazmente en la satisfacción de necesidades y expectativas. Más bien, con una idea equivocada, los directivos iniciarán actuaciones poco eficaces que pueden provocar una reducción de la calidad misma.
Deficiencia 2. Discrepancia entre las percepciones de los directivos y las especificaciones de las especificaciones y normas de calidad: aunque los directivos comprendan las necesidades y expectativas de los clientes de la organización, su satisfacción no está asegurada. Otro factor que debe estar presente para alcanzar una alta calidad, es la traducción de esas expectativas, conocidas y comprendidas, a especificaciones o normas de calidad del servicio.
Deficiencia 3. Discrepancia entre las especificaciones de la calidad del servicio y la prestación del servicio: no basta con conocer las expectativas y establecer especificaciones y estándares. La calidad del servicio no será posible, si las normas y procedimientos no se cumplen; este incumplimiento puede ser, debido a diversas causas, por ejemplo, empleados no capacitados adecuadamente, falta de recursos o procesos internos mal diseñados.
Deficiencia 4. Discrepancia entre la prestación del servicio y la comunicación externa: para el modelo SERVQUAL de calidad de servicio, uno de los factores claves en la formación de expectativas sobre el servicio por parte del cliente, es la comunicación externa de la organización proveedora. Las promesas que esta hace y la publicidad que realiza, afectarán las expectativas, de manera que, si no van acompañadas de una calidad en la prestación consistente con los mensajes, puede surgir una discrepancia expectativa – percepción. Esta discrepancia, puede reducirse mediante la coordinación de las características de la prestación con la comunicación externa que la organización hace.
Deficiencia 5. Diferencia entre las expectativas del consumidor sobre la calidad del servicio y las percepciones que tiene del servicio: este último vacío, se produce como consecuencia de las desviaciones anteriores.
Posteriormente en 1992 Cronin y Taylor, complementaron el modelo anterior y desarrollaron uno que le añade a dicha calidad, un mayor énfasis en la percepción, este modelo se llamó SERVPERF el cual, tiene en cuenta tanto las expectativas como las percepciones.
Así que, cuando se fijan una serie de parámetros que en la producción miden constantemente los procesos vs la calidad que recibe el cliente, se pueden dar variaciones en lo programado vs lo entregado y lo que esperaba el cliente, generando diferencias entre la calidad esperada, la programada, la realizada y la calidad latente. Se puede dar incluso en ese proceso, una satisfacción casual o insatisfacción evitable en donde el cliente, recibe o no satisfacción, pero no por programación de quien provee el producto o servicio, sino por azar.
De acuerdo al nivel de satisfacción en la prestación de sus servicios (calidad latente), las empresas pueden ser acomodaticias, es decir, únicamente entregan o cumplen una serie de parámetros de la norma, pero sin llegar a cumplir las expectativas del cliente. Luego estarían las empresas cumplidoras que entregan exactamente lo que el cliente necesita sin superar las expectativas del mismo; finalmente, las empresas enriquecidas que superan las expectativas del cliente.
Avanzar en dichos procesos, aportará a su vez a la empresa, en los indicadores de calidad total, es decir, cumpliendo no solamente con el servicio, sino en todas las fases de la cadena de valor; esto es, la calidad percibida (momentos de verdad, costos, distribución de mayoristas a minoristas), la de entrega (disponibilidad, canales de distribución, agregación de valor), la de conformidad (medir que lo que se ha diseñado se está entregando), la de diseño (fijar las necesidades del cliente en parámetros con propiedades físicas, funcionales, ergonómicas, la satisfacción puntual de la necesidad, los elementos adicionales o características secundarias que mejoran el producto) y la de concepción (identificar qué es lo que quiere y necesita el cliente, para trasladarlo en parámetros, requisitos o exigencias que luego pueden ser elementos medibles).
Trabajando en este monitoreo constante, se puede mejorar la experiencia del cliente procurando un punto deseable en el esta, supere las exceptivas iniciales que él mismo se había generado.